miércoles, noviembre 28

Hermana.

   En realidad, Luisa nunca tuvo un rumbo propio bien marcado. Desde muy temprana edad decidió, por cuenta propia, renunciar a su voluntad y aceptar que su destino sea dirigido.
   Cuando aún era muy jóven, en los tiempos en que su hermana era una de sus mejores amigas, Luisa fue atrapada por un gran lobo. Líder de la manada, tenía un cierto poder, ese poder que proporcionan la locura y la maldad como elementos innatos. Pero Luisa aumentaba su poder, definitivamente lo hacía. Por el poder que la misma joven le concedió, el lobo la capturó con un potente maleficio, por siempre. Un maleficio ilusorio y dominante, el cual perdura hasta nuestros días. 
   Sólo que esta magia, al igual que toda magia nacida de horribles fuentes, no es exacta. Con el paso del tiempo el hechizo fue dejando su huella sobre Luisa. 
   Ella crecía, sumida en esa maravillosa ilusión, olvidándolo todo, dejando todo de lado, hasta su propia voluntad abandonó. Pronto, comenzó crecer su vientre. Una, dos... tres veces.
Pero con el paso de las vivencias, el encantamiento fue aprehendiéndose a Luisa. Ya no sólo la cubría, sino que comenzó a embeberla, y luego, a consumirla. Las fuerzas oscuras de las cuales nació el poder del lobo, comenzaron a traspasarse al débil ser de la dama. Ella era una pobre ilusa, jamás vio la luz, tuvo el infortunio de toparse con el lobo aun siendo demasiado joven. Había renunciado a todo, un poco consciente, un poco bajo el hechizo. Es por esto que cuando los poderes comenzaron a plasmarse en su ser, su cuerpo y mente no pudieron soportarlos. Ni siquiera era dueña de su voluntad, jamás podría abrazar semejante capacidad. 
   Luisa enloqueció.
   Fue incapaz de dominarse, el odio, la enfermedad, la envidia con y bajo la cual convivió tanto tiempo, todos los sentimientos la dominaron a ella. Nunca se dio cuenta. Intentó escapar de esas malas sensaciones que su naturaleza era incapaz de contener, pero siempre recurrió a métodos deficientes. La reclusión voluntaria fue uno de ellos. Creyó que había funcionado, pero no tardaron en regresar esas emociones, listas para acosarla, parecían hasta peor que antes. Varias veces Luisa recurrió a esta escapatoria, convencida o quizás con la esperanza de que en algún momento surtiera efecto. Pero no fue así. Con el tiempo, y bajo consejo de su antigua vida, aceptó recurrir a un guía. Pero Luisa jamás logró confiar en el guía. Quizás porque desde ese entonces, ya no confiaba en su antigua vida. Reiteradas veces acudió al guía, ya casi por costumbre que por esperanza de encontrar una solución. Paulatinamente, fue abandonando esta opción, sumiéndose cada vez más en los desbordes generados por esas horribles energías y ese maldito poder que estaba naciendo en ella.
   Nadie jamás se imaginó que ese poder, sumado a la demencia, podrían llegar a manipular la vida ajena. Ella aún no lo cree, quizás ni siquiera lo sabe, pero sucedió.
   Si nunca tuvo un rumbo marcado, hoy en día parecieran haberse perdido todas las esperanzas de que resurja su voluntad. En realidad, ya no queda nadie interesado por la voluntad de Luisa. O por su vida siquiera. Tan sólo se dedica a vagar por los alrededores, esperando quién sabe qué, dejando, ya inconscientemente, que el poder y el odio la terminen de consumir. Pronto llegará el día en que su cuerpo y mente ya no soporten tanta carga para la cual nunca fue preparada, y, discretamente deje de funcionar.


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Esta es Luisa. Esta es su historia. Aún faltan varias historias, en realidad el punto no era hablar de ella, sino relatar sus acciones, o quizás las acciones de su locura. Pero considero prudente comenzar presentándola y exponiendo su, hasta hoy, tan secreta e ignorada memoria. Sólo recuerde algo, lector, Luisa no es una víctima.

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