jueves, noviembre 11

A veces, me detesto.

Sí, me detesto. Odio ilusionarme, odio tener esperanzas, odio anhelar algo. Detesto mi nueva condición 'abierta' sentimentalmente. Quiero la caparazón de nuevo, ahora soy una maldita pendeja sensible. Y lo detesto.
Y, perdón, pero sí, también te detesto. Aunque quizás no debería afectarme, ya que no es nada voluntario, como he dicho antes, todo me afecta y es tu culpa, perdón.


Uno no debería escribir estas coas en este estado. Pero... De no escribirlas, ¿qué sucedería?

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