Un mundo dividido en dos especies dominantes, quedando otra más, los humanos, apartada del conflicto llevado a cabo entre las otras dos. Seres silenciosos, inteligentes y poderosos por un lado, vampiros se hacen llamar. Enfrentados a éstos, los licántropos; bestias de extrema fortaleza, con una gran unión y sentidos expertamente desarrollados. Ambas, criaturas de la noche, individuos casi perfectos cuyos orígenes se remontan a antaño, al igual que su enemistad.
Una guerra se ha llevado a cabo entre ambas especies durante siglos; aún sin un vencedor definido y que posiblemente nuca se definirá. Ahora, la última descendiente del clan gobernante de los vampiros quiere cambiar esto: Carece de intenciones bélicas, pero poco puede hacer para finalizar el enfrentamiento sin el apoyo de ambas especies. Lo que ella no sabe es que alguien comparte su línea de pensamiento...
Danae regresaba de su corto viaje hacia el estudio para tomar un nuevo libro que comenzar. Entra a la sala de estar, lugar donde disfrutaba la tranquilidad de la lectura, cuando su marcha se vió interrumpida por algo. Un gran par de brazos la tomaron por detrás y una ser que fácilmente la duplicaba en tamaño amenazó:
-Debes arder vampiro...
Inmediatamente supo de quien se trataba. ·No comprendo cómo no lo percibió antes, quizás confía demasiado en la seguridad que le proporcionan los guardias al castillos; nunca debería bajar tanto su defensa.· Tonta y aturdidamente respondió con un interrogante de respuesta más que obvia.
-No... ¿Qué tienes en mi contra; en contra de los vampiros?
Y la lógica respuesta no se hizo esperar
-Que yo soy un licántropo pequeña, y esto es la guerra. Si no eres de mi clan mueres, esas son las reglas.
-Pero yo no quiero pelear... -Alcanzó a articular con una inquietud subiendo por su garganta.
-Eso no depende de ti. Te daré sólo cinco segundos de ventaja, aprovéchalos. -dijo soltándola brúscamente -Si te alcanzo, comenzarás a rezar.
·Danae seguía aturdida... tonta, ¡enfréntalo!· El tiempo empezó a correr.
-Uno…
…dos…
…tres…
…cuatro…
…cinco.
Estúpidamente corrió al rincón y alcanzó a poner un mísero hechizo defensivo. ·¿Sólo eso? Vamos, sabes que nunca te salvará ni de un recién convertido. ¿En qué estás pensando? En nada. No estás pensando.·
-Jajaja ¿Acaso tú también crees que eso sirve de algo? Típico de los vampiros.- replicó Shagrath burlonamente. Con facilidad rompió el miserable hechizo que pretendía proteger a Danae. -Reza tus oraciones...
No alcanzó a terminar la frase que la vampiresa, al parecer, recobró la cordura y valientemente, ·woah, si, con un tremendo valor,· anunció:
-Me niego a que me destruyas.
-Jajaja, niégate todo lo que quieras. -La tomó por el cuello y la levantó. De acuerdo, ahora sí debía preocuparse; era plenamente conciente de la fuerza Shagrath. -Dime tres razones por las cuales no deba tirarte a la chimenea ahora mismo.
-No tengo intenciones de pelear, sé que puedo vencerte, y te amo. -·¿Y que pase lo que pase?·
-Dudo de dos...
-Las últimas dos. -Él hizo un gesto afirmativo. -Con respecto a la primera, si, puedo vencerte. -En realidad, dudaba enormemente de esto.- Verás, tuve mucho entrenamiento durante mi vida, además de tener un linaje originario, lo que me dá más fortaleza aún que la media de los vampiros y cualquier hombre perro.
Shagrath hizo un gesto de burla y la dejó caer. -Parece que no te das cuenta de quién soy.
-¿Quién eres? -Preguntó inocentemente; claro que sabía quien era. La vampiresa al gobierno de toda una legión no podía desconocer a su siguiente enemigo al mando. Si; lo conocía perfectamente, al punto de que por algún extraño motivo, había llegado a enamorarse de él.
-Verás pequeña, mi nombre es Shagrath, el mayor de mis tres hermanos, el mismísimo futuro macho alpha y rey de Galia, y, actualmente, el licántropo más fuerte.
-Que coincidencia: deduzco que debo ser una de las vampiresas más fuertes de la especie en este momento, y dudo de la existencia de otro de mi linaje que pueda superarme... mis antepasados decidieron la muerte por voluntad propia... estúpidos.- Concluyó con cierta... frustración.
-Así que tengo en mis garras a una de las vampiresas más fuertes eh... -·Como si no lo hubiese sabido desde un comienzo.· -¡Sería un momento único! Una enorme ventaja para nuestro clan acarrearía tu muerte. -Hizo una pausa en la que se detuvo a reflexionar. -Por otro lado... siendo así de fuerte como dices, imagino que serás conocida, más aun si provienes de un antiguo linaje de familia notable... y siendo la única heredera más aún... Quizás no sea lo mejor matarte, estaría generando una gran tensión en la guerra... Aunque de todas formas, las cosas tampoco van bien... si, podría ser conveniente matarte ahora.
Danae, con una sonrisa y bastante calma ·Cuanta confianza· lo contradijo:
-Dudo que sea lo mejor. Ten la seguridad de que si intentas matarme, si no es que te destruyo yo, no durarás más de una semana, no tienes idea de la cantidad y la eficacia de mis guardias. Morirías al poco tiempo y sin un macho alpha a la cabeza, los demás licántropos enloquecerían, no sabrían que hacer. Colapsarán, y la especie desaparecerá. La soledad es una ventaja de la nuestra en ese aspecto.
Shagrath lanzó una carcajada: -Lo dudo enormemente. Sé de tu raza más de lo que crees: los linajes más poderosos son más similares a la realeza licántropa de lo que piensas; evidentemente no conoces nada de nuestra especie.
-Cree lo que quieras, ya te he dicho: no deseo pelear. Realmente, no encuentro sentido a esa eterna enemistad. Al menos no seré parte. Pero tampoco me dejaré asesinar tan fácilmente. -Sentenció decidida.
-Entonces... el que hecho de que no estés en conflicto puede significar que a tu pueblo le darías lo mismo viva o muerta.... Pero no voy a sacar conclusiones apresuradas, por esta vez te dejaré ir. Pero hay tres cosas que voy a aclararte antes:
En primer lugar, piensa que estuviste cerca, muy cerca de la muerte. -·Ella no lo creería· -Siendo de familia real estoy obligado a matarte, que te quede muy claro, así que nadie se enterará jamás de este encuentro y que te dejé con vida.
Segundo, investigaré sobre quién eres. Sobre tu familia, y su forma de vida. Aunque dudo que siquiera le llegue a los talones de la realiza de mi especie.
Y, tercero, quería avisarte de que ya tengo tu aroma; sabré dónde te encuentras a cada momento y puedo aparecer cuando menos lo esperes.- Y dió media vuelta en señal de retirada, pero Danae lo detuvo:
-No creas que te dejaé marcharte así sin más...
-Tampoco creo que sea la mejor idea matarme...
-No, tampoco; enviaré una selección especial de vampiros que estará siguiéndote a toda hora, así que no intentes hacer ninguna estupidez como ésta; te lo advierto.
-¿Acaso crees que matarme o vigilarme a toda hora es la mejor opción? No soy un ermitaño de montaña; constantemente estoy rodeado de nobles hombres lobos, tus hombres poso durarán.
-¿Acaso piensas que serán tan obvios?
-¿Piensas que la elite de una raza con oído y olfato ultra desarrollados no los notaría?
-Se te olvida que los vampiros somos los seres más silenciosos y sutiles que existen. Por el aroma luego se resolverá...
Shagrath, tajante, concluyó:
-Es en vano discutir esto, es una elite contra otra. Ninguno de los dos somos concientes del poder del otro.
-Quizás... Realmente no comprendo la razón de tu afán por asesinar a un lider pacífico... -Comentó con un deje de decepción.
-Es la guerra, así de simple. Estés dentro o estés fuera, eres de la otra raza y sólo por eso hay órdenes de matarte. En este caso, yo sólo estoy cumpliendo una orden que me han dado.
-¿...Cómo? ¿Que no das tu las órdenes?
-En realidad no, futuro rey he dicho.
-Estás en lo cierto... Bueno, sea quién sea que esté al mando, no permitiré la destrucción de mi especie ni aceptaré la mía. Me niego a pelear, y ésas son mis órdenes a todo el clan. Pero no por eso crean que ésta raza no sabe defenderse ni que no lo hará, porque estarían cometiendo un error; un terrible error.
-De ninguna forma, yo no he dicho eso; justamente, desconozco el posible poder de tu raza, pero estoy convencido de que si no supiesen defenderse tan bien como dices, esta guerra hubiese acabado hace siglos. Ningún licántropo duda de su potencial. Tampoco le temen.
Danae suspiró.
-...Sabes, en un comienzo, esta guerra se basó en ataques y contraataques. Creo que inclusive, si se quiere, podría llamársele estrategia a esto. No pelearemos, sólo estaremos a la defensiva; ya se verá quien vence... Más allá de que mi propósito es el término de ésta guerra, dudo que sea posible sin ningún apoyo pacífico por parte de su clan, así que continuaremos luchando, sólo que pacíficamente. Y aún así, podría vencer cualquiera de los dos, pero no creo que eso se defina en este milenio... ni en el próximo.
Al oir esto, Shagrath hizo una pausa. Se detuvo unos instantes, inmerso en sus pensamientos debatiéndose si debía o no decir lo que a continuación revelaría.
-A decir verdad, uno de mis objetivos al asumir como rey sería el buscar alguna solución alternativa por vías pacíficas a este conflicto. Aunque, lógico, comprendo que tomaría decenas de generaciones aceptaron los unos a los otros. Y, si bien, actualmente soy el licántropo más poderoso de todo el clan, la realidad es que nunca me atrajo la guerra; nunca comprendí el sentido de esto, o qué conseguiríamos. A diferencia de cualquiera de mis hermanos, que sólo tienen pensamientos bélicos, yo deseo dar fin a este enfrentamiento; por suerte soy el mayor, y futuro rey.
-¿Y cuando asumirás?
-Lógicamente, a la muerte o incapacitación como rey de mi padre. Pero no puedo saber cuando eso sucederá, no está bajo mi control.
-Creo que, quizás, mi clan podría intervenir en acelerar ese proceso... si ellos están de acuerdo, claro. -Una sonrisa alcanzó a dibujarse en su rostro. Era su vena de maldad, definitivamente. Shagrath se apresuró a detenerla.
-No, espera, tampoco me agrada mucho la idea de que mi padre muera, y mucho menos ser cómplice. Además de que las cosas ya están algo tensas conmigo por mis planes de firmar la paz, si llegase a suceder algo, y mis objetivos saliesen a la luz, ten por seguro que acabarían conmigo.
-Nadie pidió tu complicidad. -Tajó. ·Pero La cordura regresó· -...Tienes razón, quizás correspondería ser un poco más considerada... -·Y hasta un aire de vergüenza subió. -...Bueno, podría quedar seriamente lisiado por un tiempo indefinido. Tenemos poderosos venenos para hacer perdurar el daño. -·La cordura se había marchado otra vez·.
-Danae basta. De todas formas, al proporcionarte ésta información estoy siendo cómplice, por más que en pequeña medida sea. -Hizo una pausa y continuó seriamente. -No olvides que aún somos enemigos.
La vampiresa contestó alegre. Realmente se estaba tomando esto con muy poca seriedad, como de costumbre, y era conciente de lo que había dicho. Poco le importaba la enemistad, se tenía confianza, todo saldría bien.
-Bueno, en ese caso, yo tampoco actué honorablemente al darte tantos detalles acerca de mis planes de defensa y políticas internas del clan.
-Lo sé. -Su tono se hacía cada vez más severo, mientras que el de ella más despreocupado y jocoso.
-Entonces dejémoslo entre nosotros.
Luego de pensarlo unos segundos, Shagrath aceptó.
-Me parece bien: en caso que alguno cuente algo, el otro también lo hará... Aunque es bastante imperfecta la idea.
-Creo que ese plan causaría más caos...
-Lo sé, pero a decir verdad no confío en usted.
A Danae comenzó a exasperarle esa actitud.
-Claro... naturalmente yo tampoco -·Mentira· -Pero dudo que tu idea de revelar todo sea productiva. Estaríamos poniendo al propio clan del otro en su contra... excelente estrategia por cierto. -Rió.
-Así que lo único que nos quedaría sería forjar algún tipo de confianza o algo con lo que asegurarnos de que ninguno traicione.
Por ejemplo ¿cómo sé yo que no hay ninguno de tu raza en este momento en esta habitación espiándonos? Al fin y al cabo no soy completamente conciente de su sutileza.
-Puedo asegurártelo. Sé que no servirá de mucho que te lo diga, no por eso debes creerme, pero te aseguro que poseo mis derechos de privacidad y son muy respetados. Todo guardia que haya está al tanto de la terminante prohibición de irrumpir en la habitación donde me encuentre sin previo aviso. Son confían y concientes de mi capacidad de defensa.
-Si, claro, ¿y qué seguridad tengo de que no lo acordaron antes? Dudo que realmente no sepan quién soy; sería bastante idiota permitirte esta conversación sola.
La paciencia de ella bajaba cada vez más.
-Ya te lo he explicado, confío plenamente en mis habilidades, no-te-temo. Y no, no tengo algo que pruebe que estoy diciendo la verdad, así que puedes creerme o no, queda a tu criterio.
Mis intenciones son, como he dicho, acabar con ésta guerra por vías pacíficas; espero puedas creerme.
-No tengo razones para creerte. Puedes ser una enemiga totalmente encubierta, nada hay que pruebe lo contrario, sólo palabras.
La paciencia no es inagotable.
-Lo sé lobo, pero tampoco me has dado razones por las cuales deba creer en ti, ni en tu plan, ni nada que pueda asegurar que has venido sólo y no tienes parte de tu clan preparado para matarme. Sin embargo, prefiero confiar en lo que dices.
-Es tu decisión verlo así. Podré llegar a rey, podrá haber paz, pero aún así no confiaré en ustedes, siempre cabe la posibilidad de un ataque por la espalda.
-¡Y por parte suya también!. -Estaba a punto de atacarlo por el frente.
-Exactamente, no tienen razón para confiar en nosotros. Pero eso no importa ahora, llegado el momento se planeará. Por ahora tenemos que asegurarnos éste encuentro y sólo diviso dos posibles formas: La primera consiste en que, a partir de hoy, ambos estemos vigilados por miembros del clan contrario. De esa forma, supongo que si alguno abre la boca no tardaremos en saberlo. La otra opción es hacer un pacto de sangre.
Danae se detuvo con expresión atónita. Dio unos pasos y sentóse en la silla del escritorio. Se quedó por unos momentos con la mirada fija en el vacío, buscando en su cerebro toda la información que poseía acerca de los pactos de sangre y meditando la posibilidad. Llegó a la conclusión de que, si bien había estudiado el funcionamiento y los pasos para llevarlo a cabo, no estaba completamente segura de en qué consistía a ciencia cierta.
-Ajam... Si, ¿Cómo es eso? Conozco la teoría pero ignoro la práctica.
-Es simple: al firmarlo, quien no cumple, muere.
·Si, claro que era así ¿Nada más?· -El pacto entonces consistiría en que ninguno de ambos hablase con otros ya sean de mi o tu raza sobre lo que sucedió hoy... Y si alguien, por algún otro medio, se enterase, ¿Qué sucedería entonces? El pacto no se rompería.
-Exacto. En dicho caso, ninguno estaría rompiendo el pacto, simplemente estaría dentro del contexto de la guerra ya que creo que no hace falta aclarar que hay tareas de espionaje en ambos reinos.
-Lo sé, soy conciente de eso...
-Entonces, creo que lo mejor sería firmarlo, e incluir a cualquiera que esté en esta habitación o haya oído algo.
Y así se redactó el manifiesto que luego ambas especies mancharían con su sangre:
“Por el presente, queda certificado que tanto el licántropo Shagrath como la vampiresa Danae y cualquier tercero indeseado tienen terminantemente hacer públicos cualquiera de los temas tratados durante el encuentro llevado a cabo el día de la fecha. El incumplimiento éste testimonio por cualquiera de las partes, será acompañado por la muerte.”
-Perfecto, ahora, hazte un corte y pásalo por el papel.
Danae estalló en una carcajada -¿Corte? Já -Como si necesitase de una herramienta para lograr que sangre brotase de su cuerpo. Delicadamente se mordió la muñeca izquierda y dejó caer unas gotas sobre el papel.
Un tanto ofendido, Shagrath contestó: -¿A qué creías que me refería? -Mientras rápidamente mordía su dedo índice hasta que un chorro salpicó la redacción. -Bien, ahora debo retirarme. Ten en cuenta lo que acordamos
-Lo sé, soy conciente de lo que firmé.
-¡Ah! Y fíjate donde te mordiste, hay una marca, en lo posible, intenta ocultarla. Dudo que seas la única vampiro que conoce la existencia de los pactos de sangre, y nunca estuvieron muy bien vistos, como sabrás. Si tienes la marca de uno, es porque ocultas algo, algo importante. Y más viniendo de alguien como tu.
-...Gracias por recordármelo.
Y habiendo dado este último consejo, Shagrath se marchó a su reino, habiendo establecido un lazo que sería una de las bases para el comienzo de una nueva era.
Co-delirado con BetweenHeavenAndHell

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